Popayán Hoy (Parte 4). Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced - Experiencia piloto de la Unidad de Gestión Urbanísitca de San Camilo. Entrega 2


El colectivo de la UGU (Unidad de Gestión Urbanística) del barrio San Camilo en Acción - JORNADA DE ASEO
Omar Lasso Echavarría





El  sábado 31 de marzo del año en curso acudimos al llamado de Doña Lila López, la incasable líder del barrio San Camilo, para llevar a cabo la limpieza de la Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced, emblema arquitectónico ubicado en dicho sector, que durante años de abandono acumuló polvo y humedad, resistiendo el azote de inviernos y veranos, a través de sus desvensijados  ventanales.

Lila López aguardaba a la tropilla de voluntarios con el utillaje indispensable para la tarea propuesta: desde escobas, trapeadores, valdes, trapos, despolvadores armados con ropa vieja y largas pértigas, hasta palendras y carretas para el acarreo de escombros. Allá nos encontramos con un grupo de Auxiliares Bachilleres de la policía, procedentes de Villa Rica, y varios adolescentes del Grupo Juvenil de Apoyo Comunitario de la Policía (GRACO), desplazados en misión de colaboración por el Señor Subcomisario Luis Enrique Molano Cruz, bajo la dirección del Señor Patrullero Romel López, por disposición del Coronel Ricardo Augusto Alarcón, Comandante de la Policía Cauca.

Esta vez la colaboración ciudadana fue modesta, pero efectiva; confiamos en una mayor participación en próximas convocatorias y cuando despeguen los proyectos de beneficio comunitario. En cambio, el colectivo que lidera la UGU de San Camilo estuvo allí completo y compacto en su accionar: Lila López, Juan Diego Córdoba, Gustavo Cortázar, Alejandro Luna Fals, Víctor Daniel Jiménez, Diego Bravo Montilla, Yamile Concha Ruiz, Clara Rodríguez Mera, la familia López-Bedoya, Libardo Ante Suárez, Víctor Hugo Muñoz (Presidente de la Junta de Acción Comunal), Guillermo Erazo (Vicepresidente de la Junta de Acción Comunal), Leonardo Zúñiga (Miembro de la J.A.C.); además de la activa participación de los señores: Diego Sánchez (Gestor Cultural), Don Gerardo Rojas (Jefe de mantenimiento del Seguro Social) y las señoras: Claudia Lorena Campo, Gloria Delgado (Aseadoras del Seguro Social) y los vigilantes al servicio de esa entidad, con la colaboración de la Directora del Seguro Social, Dra. María del Socorro Terán Mosquera, quien  ayudó a coordinar el evento y autorizó los refrigerios, la comandante del CAI de Benito Juárez Sargento Magdalena Valverde y el Subintendente Fernández de la Oficina de la Policía Comunitaria, quienes prestaron las patrullas de la Policía para el transporte de materiales. La lista de colabadores se alarga: Los hermanos Bazantes, Jaime Muñoz Aristizábal, Sara Hurtado, hermana  e  hijas,  María Mireya Bastidas Ofelia Sánchez y su hija. Obreros de la Universidad del Cauca prestaron algunas herramientas, igual que la  Comunidad Marista con Don Gustavo Botero. Amparo de Zuñiga y otros vecinos animaron con palabras de aliento esta cruzada. Las  empresas Maderas y Machimbres del Huila y Maderas Los Gavilanes donaron el aserrín y  las varas para los desempolvadores. Finalmente, con el perdón de algún olvido, la Tesorera de la Junta Comunal colaboró en la compra de los tapabocas y las estopas para el aserrín. 

POR PEQUEÑOS QUE HAYAN SIDO LOS SERVICIOS PRESTADOS EL COLECTIVO DE LA UGU DE SAN CAMILO LO AGRADECE EN ALTA CONSIDERACIÓN, TRATÁNDOSE DE SEMILLAS DE GENEROSIDAD, QUE UNA VEZ SEMBRADAS GERMINARÁN CON ABUNDANCIA, CONTAGIANDO DE ALTRUISMO A LOS VECINOS DE SAN CAMILO Y OTROS SECTORES DE POPAYÁN.

La apertura de la Capilla despertó curiosidad en lugareños y extraños, asombrados por su magnificencia. Unos  descubrían algo nuevo, otros se reencontraban con lejanos  recuerdos de vivencias religiosas. También tuvimos la presencia de algunos comunicadores  y gestores culturales de la Universidad  del Cauca, que dialogaron y tomaron notas de la reliquia. Por primera vez esta joya arquitectónica fue fotografiada con modernas cámaras digitales, que exploraron detalles y ángulos de interés. Este nuevo ícono de la ciudad de Popayán renace a la romería de turistas que lo visitarán de continuo en el futuro. Su recuperación para la Comunidad de San Camilo y de Popayán está en manos de la UGU (Unidad de Gestión Urbanística) de San Camilo, a través de la poderosa herramienta nacional del PEMP ( Plan Especial de Manejo y  Protección del Sector Histórico), El cual da poder a las comunidades para gestionar su patrimonio cultural en beneficio de la colectividad, con apoyo del Estado, el Ministerio de Cultura y varios organismos internacioles, enmarcado en el moderno concepto de Industria Cultural, nodo en torno al cual se integra la comunidad en su totalidad, no sólo desde el punto de vista contemplativo, sino  también económico y social. Es una manera distinta de ver y gestionar la cultura en función del progreso y bienestar integral de los  habitantes, mediante una gama diversa de proyectos vinculados o relacionados con el patrimonio cultural. En este novedoso punto de vista radica la importancia de lo cultural, como medio de proyección de las actividades materiales, espirituales, artísticas e intelectuales de las comunidades para el beneficio colectivo. A través de dichas actividades se fortalecen antiguos valores y se gestan otros nuevos, enriqueciendo la diversidad de sentidos de vida.

Culminada la labor de aseo, los líderes de la UGU, especialistas en el PEMP, desplegaron sus explicaciones sobre pliegues de papel adosados a la pared del atrio del coro, y sobre el piso extendieron grandes mapas de la ciudad. ¡Su trabajo va en serio y es bienvenido! Esperamos el apoyo de la comunidad y la corresponsabilidad de las instituciones estatales, en orden a los mandatos establecidos en el PEMP, instancia legal que ampara el esfuerzo de la ciudadanía en torno a estos fines.

Una urgencia quedó manifiesta: la concesusión de por lo menos 150 metros de plástico grueso  de invernadero, barillas y alambre para cubrir la zona de los ventanales. Ojalá, por ahora, algún benefactor acoja esta  solicitud y nos sorprenda con su generosidad. La comunidad de San Camilo y Popayán se lo agradecerá.

Nota de beneplácito: Una vez disuelto el grupo de trabajo, al final de la jornada, mientras algunos compañeros departían un café, por invitación de la familia López-Bedoya, la señora Lila López se topó en casa de un vecino, por casualidad, con el Señor Gobernador, Dr. Temístocles Ortega. La señora Lila con sus habilidades  sociales características en ella terminó envolviendo al Sr. Gobernador en su tema de todos los días, el proyecto sociocultural de San Camilo en torno al edificio Villamarista y la Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced. Lo maravilloso del encuentro fue que dicho diálogo, gracias al don de  gentes de nuestro Gobernador, culminó en el interior del Claustro y  su Capilla, ante la cual el Dr. Temístocles Ortega evidenció su asombro, formulando pregunta tras pregunta, que nuestros compañeros Gustavo Cortázar y Alejandro Luna Fals respondían con su acostumbrada competencia. Dicen que el Sr. Gobernador avanzó hasta el altar y exclamó: ¡Esto es una joya! Nuestros amigos de la UGU lo pusieron al tanto del PEMP (Plan Especial para la Conservación y Mantenimiento del Patrimonio Histórico) y de las gestiones ya adelantadas con la comunidad de San Camilo, como experiencia piloto. El Sr. Gobernador, conocedor también de esta herramienta administrativa, manifestó su interés en el proyecto sociocultural a cargo del colectivo de San Camilo y ofreció el acompañamiento de la Gobernación, habiendo dado ya algunos pasos en esta dirección, a través del auspicio del diplomado sobre el patrimonio histórico recientemente dictado por dicha institución.
El feliz y casual encuentro con la máxima autoridad de nuestro Departamento fue el broce de oro que cerró la minga de limpieza de la Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced.































Popayán hoy (Parte 3). Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced - Experiencia piloto de la Unidad de Gestión Urbanísitca de San Camilo. Entrega 1



               Capilla neogótica Villamarista Nuestra Señora de la Merced
CALLE 8 # 9-51 Interior Edificio Villamarista y CARRERA 9 # 8-44
Un S.O.S. agónico ante Popayán, Colombia y el Mundo.

Su construcción se inició en 1928, bajo influencia de la arquitectura francesa, a través de la cual se introdujeron al país nuevas ideas sobre la construcción de templos, usando el cemento y el hormigón armado. De este modo llegó el modernismo arquitectónico a Colombia. En la arquitectura religiosa de la era republicana se impuso el estilo neogótico, uno de cuyos ejemplos lo constituye  la Capilla Nuestra Señora de la Merced en Popayán, caracterizado  por formas puntiagudas, arcos ojivales, columnas corintias y vitrales que narran  misterios. En el mundo la obra arquitecónica grandiosa correspondiente a este estilo es quizás la catedral de Colonia en Alemania.  La disposición espacial consta de tres naves, una central y dos laterales. El altar se ubica hacia el oriente, de acuerdo con la disposición del Concilio de Trento. En el extremo opuesto al altar, a media altura, se construyó una terraza, a todo  lo ancho de las tres naves, con balcón, para la ubicación del coro y del órgano tubular o armonio.

Sus antecedentes históricos más notables son los siguientes. En el siglo XVIII llegaron los hermanos Camilos de procedencia española a Popayán, invitados por el obispado. Los Camilos fundaron el Colegio del Sr. San José de la Buena Muerte en 1766 y construyeron una capilla de estilo colonial a mediados del S. XVIII que subsistió hasta 1950 aproximadamente. Los Camilos se dedicaron a la caridad cristiana, especialmente asistiendo a los moribundos, para su bien morir, bajo la concepción de la muerte como un segundo nacimiento. En 1821 Los Camilos fueron expulsados de la Nueva Granada por haberse aliado a la causa realista. Sus libros pasaron a custodia de la Universidad del Cauca. En ellos registraron minuciosamente sus actividades de claustro y los oficios mortuorios de la feligresía, consignando, además, los efectos de algunas epidemias como la viruela. El seminario pasó después a la dirección de los Hermanos Maristas, procedentes de Francia en el año 1889, por disposición del Concilio de Trento. En 1912 compraron la propiedad y construyeron, a partir de 1928, la Capilla neogótica Nuestra Señora de la Merced que subsiste hasta hoy, aunque averiada por el terremoto de 1983, sin haberse  iniciado todavía su recostrucción.

Después del terremoto de 1983 la capilla quedó en pie, algo averiada, pero sin sufrir daños estructurales en cuanto a cimientos, muros y cubierta. El deterioro y algún desmantelamiento posterior es el resultado de su abandono. Actulmente requiede de modo urgente la restauración del techo. Por fortuna, la estructura de la capilla parece estar intacta, aunque amenaza ruina de no actuar a tiempo. Fue oportuno el haber enguacado la vidriería original y el piso, traídos de Francia. Son ya veintinueve años de negligencia imperdonable, tratándose de un monumento de incalculable valor, no sólo religioso, sino histórico y cultural. Es la única reliquia neogótica que queda en Popayán. La primera sensación que uno experimenta al ingresar a esta hermosa capilla son las ganas de llorar, por la emoción que embarga y la amenaza de ruina inminente. Aun es tiempo de meterle mano, pero ¡ya!

Parte del edificio Villamarista con su capilla es propiedad actual del Seguro Social, la otra le pertenece al Ministerio de Justicia y lleva por nombre Palacio Luis Carlos Pérez. Se espera recuperar este bien patrimonial para beneficio de la comunidad de San Camilo y de Popayán, con ayuda del Estado y El Ministerio de Cultura, por intermedio de la UGU (Unidad de Gestión Urbanística) del barrio San Camilo, con participación de la comunidad, haciendo uso  de la herramienta legal del PEMP (Plan Especial de Manejo y Protección del Sector Histórico), Resolución de noviembre de 2009, publicado en el Diario Oficial en abril de 2010, siendo por tanto  de obligatorio cumplimiento. A través de esta gestión la UGU de San Camilo se propone dinamizar la comunidad en torno a la educación, la cultura, la recreación y el bienestar material de sus habitantes; en espcial creando vínculos de convivencia y lazos de pertenencia a través del rescate de la memoria colectiva en cuanto imaginario, tradiciones, usos y costumbres de sus pobladores, como también propiciando oportunidades de creatividad para las nuevas generaciones a través del teatro y las diversas formas de expresión artística.

Fuente de datos: Guía del historiador Oscar Esteban Hernández, director del museo Negret


















Popayán hoy. Una ciudad sin horizontes de identidad

El propósito es hacer un análisis sin prejuicios, respecto a lo  nuevo y lo antiguo de la ciudad, aplicando una mirada fenomenológica, desprovista, en lo posible, de valoración subjetiva.

Después del terremoto de 1983 y de la promulgación de la Constitución de 1991  Popayán cambió el norte de su historia. El imaginario glorioso que abrazaba a sus habitantes, de acendrada tradición hispánica, entre familias vinculadas por lazos de consanguinidad y alianzas matrimoniales, comienza a clausurarse hacia fines del siglo xx. Primero por obra de la naturaleza, que redujo a polvo la ciudad centenaria; segundo, por presión de nuevas fuerzas sociales, económicas  y políticas, expresadas a través de la nueva Constitución, y finalmente, por el  advenimiento de la postmodernidad global que trajo consigo nuevos valores  que debilitaron la historia, la religión, el conservadurismo y todas las formas culturales tradicionales que cohesionaban la colectividad. El concepto de finitud instalado en su epicentro relativizó  aquello  que se tenía por duradero, fortaleciendo al individuo como sujeto  absoluto de donde parten y a donde llegan   todos los derechos; al tiempo que lo liberaba para el pleno consumo de bienes   y modas que se proponen a diario.
 
El terremoto expulsó, en un primer momento, a gran parte de la élite social, económica y cultural payanesa, en cuantía no determinada por la estadística. Sus casonas derruidas por el temblor se transformaron en parqueaderos o quedaron a merced de la maleza que hizo bosque dentro de ellas o se vendieron al primer postor o se alquilaron a diversas instituciones, urgidas del servicio.

Los nuevos habitantes que arribaron, de variada índole, traían otra mentalidad, costumbres y hábitos. Llegaban a una tierra distinguida con un imaginario prestigioso, intimidante, quizá, para la modestia de la generalidad de los nuevos habitantes.   Su  condición de extrañeza y soterrado rechazo los convertía en  observadores pasivos o en simples sujetos de negocios.

La Constitución de 1991 proporcionó el segundo sablazo a la ciudad señorial, tradicionalmente regida por una élite ilustrada, en consonancia con la vieja Constitución de 1886 que permitía la designación de cargos  por vía directa de los mandatarios de turno en Presidencia, Gobernaciones y Alcaldías, práctica que se llevó a cabo con criterios de parentesco, proximidad social y prestigio. Ello configuró por siglos lo que se conoce como Ciudad Letrada, en la que primaba una idea de nación homogénea en torno a ideas de patriotismo, religión y civilidad, dentro de un contexeto altruista, como valor central de la civilidad, en que gran parte de las funciones públicas se ejercían ad honorem, siendo ejemplo de ello  los Consejos municipales. El Proceso Constituyente, a finales de la década de 1980, y la Constitución de 1991 resultante de sus deliberaciones produjo, guardando las proporciones históricas, consecuencias similares a las de la Revolución Francesa. Es así como, mientras ésta subía al poder al estamento del Tercer Estado conformado por la   clase baja francesa, nuestro Proceso Constituyente colombiano daba  poder, también, a las clases populares, no en un sentido revolucionario, sino más bien desde el punto de vista participativo en los procesos clientelistas en el ejercicio del poder, aunque también le proporcionó herramientas al ciudadano para la defensa de sus derechos individuales y colectivos. Tanto allá como acá, Inicialmente, hubo caos en  el proceso de reconstitución de la nación sobre las nuevas bases constitucionales, con la descentralización del poder y la fractura del orden estamental tradicional.

Recordemos que nuestro Estado colombiano, antes de 1991, de acuerdo con la Constitución de 1886, era representativo, mas no participativo. Se elegía popularmente al Presidente, pero los cuadros de gobierno se organizaban de arriba-abajo, en pirámide descendente. El Presidente nombraba a los gobernadores y éstos a los alcaldes, quienes a su vez nombraban a otros subalternos, en   ramificación continua según el orden jerárquico. Ello proporcionaba al gobierno unidad compacta, sin fisuras en su interior, conservando y fortaleciendo el concepto de castas estamentales que se reproducían en el tiempo.  A esta práctica se debió, en no poca medida, su legitimidad social y la cualificación personal en el ejercicio de la función pública que tanto añoran algunos en estos tiempos donde prima el voto sobre la cultura.

A partir de este momento saltan a la palestra política, con carácter protagónico, los sectores populares, a través de la Democracia Participativa, que erigió a los ciudadanos en sujetos políticos, en tanto  principio, medio y fin del estado, respecto a  lo individual y lo colectivo, bajo la protección de herramientas poderosas como la Acción de Tutela, El Derecho de Petición y las Acciones Populares, entre otros, además de la elección popular de Gobernadores y Alcaldes. Debemos anotar, no obstante,  que los anteriores mandatos no se han cumplido a cabalidad en relación al ideal constitucional  como principio teórico-político. La nueva democracia participativa arrastra  los vicios consuetudinarios del clientelismo que halló, también, en la nueva reforma política, los medios efectivos de fortalecimiento, apoyándose en un estado y ciudadanía y colectividad débiles.

Muchas son las consecuencias que se desprenden del anterior contexto. Destacamos las siguientes:

Primero.- El paso de lo ideal a lo pragmático, en cuento arribamos a un sistema de necesidades, característico de los sectores populares, como su condición existencial, usado y manipulado, desvirtuando de este modo la función pública, al prevalecer los intereses particulares sobre los colectivos. Este fenómeno se acentuó con el sistema de contratación estatal, herramienta que  consolidó las prácticas clientelistas, convirtiendo la política en la principal empresa económica del país a costa de un Estado  mínimo para los ciudadanos y sus comunidades. Este cuadro se agravó con el resto de males que afean nuestro país: La inveterada violencia política, resultante de los  desajustes sociales, políticos y económicos históricos; el  narcotráfico; el paramilitarismo y la delincuencia común. Estos fenómenos soy hoy lugar común en nuestro país, imbricados mutuamente, según lineas transversales de complicidad. Su influencia devastadora empezó por el campo, empujando las comunidades campesinas a los sectores urbanos, cuyo tejido social se resquebrajó por completo, dando paso a la fragmentación de las ciudades, al caos urbano, la insolidaridad,  la inseguridad y la privatización de la vida social. Los residentes mejor establecidos han abandonado los antiguos espacios públicos para recluirse en bunquers residenciales. De igual modo el comercio formal cede a la presión popular y se instala progresivamente en los hipermercados exclusivos, lejos de la contaminación popular.

Segundo.- El cambio de eje de la gran cultura por el del folklore, siguiendo el orden de ideas de la primacía de lo popular,  cuyo antecedente se remonta a la ministra de cultura Consuelo Araújo, “la Casica” (año 2000), abanderada del Festival Vallenato.

Tercero.- Esta consecuencia se vincula con la Apertura Económica y la Globalización que deterioró muchos renglones de nuestra economía y los oficios tradicionales, rompiendo los circircuitos económicos locales y nacionales que garantizaban el intercambio y la redistribución de la riqueza social. la Apertura Económica desarticuló las economías locales, que mal que bien garantizaban un cierto equilibrio social.   Sin duda,  nuestra economía es hoy más rica, en términos de Producto Interno Bruto, mas no en cuanto a bienestar general, porque la riqueza se concentró al igual que las utilidades. La  mayoría de los colombianos viven del rebusque y la asistencia social.

Popayán, capital del departamento del Cauca recibió el peso de estas transformaciones de modo negativo, en proporción mayor a cualquier otra ciudad colombiana, dadas sus características suigéneris de conservadurismo y atrazo económico, carente de industria para absorber la demanda de empleo. El temperamento tradicional de su clase dirigente, amante de lo contemplativo, los honores y las distinciones, más que de las ejecuciones, poco ha contribuido al progreso de la ciudad y el departamento. De nada ha servido producir el mayor número de presidentes de Colombia, 17 en total, ni haber tenido una de las mejores y una de las más antiguas universidades del continente, que desafortunadamente hoy cede puestos de privilegio ante  otras de mayor empuje. De nada le vale,  también, su extraordinado patrimonio arqueólico, étnico, arquitectónico y museológico. Los grandes proyectos forman parte de nuestro aire, los venimos escuchando a través de décadas y décadas, como parte de la retórica política: Popayán Ciudad Universitaria, Popayán Ciudad Turística, Popayán Ciudad Convención, Popayán Capital Gastronómica, Popayán Jerusalén de América. Algo de ello hay, pero en cantidad mínima, como en nuestras empanadas y tamales de pipián a los que les falta la proteína.

¿Cuántos lustros habrán de pasar para resolver estas problemáticas? no lo sabemos. Lo que sí tenemos claro es la urgencia del acompañamiento del Estado y del Ministerio de Cultura para presionar  el buen gobierno local, el desarrollo cultural y la conservación del patrimonio histórico, que ahora duerme el sueño de la bella durmiente.  La zona medular del Centro histórico, donde se ubican los museos, sufre actualmente el maltrato de bullosas tabernas, conciertos populares, ventas de galería y demás comercio informal que afecta ostensiblemente la imagen del mejor sitio que tenemos para mostrar. Las  normas establecidas son impotentes en una ciudad que crece acumulando el desorden.

Añoramos el resurgimiento de la ciudad histórica y literaria, esperando días mejores para reencontrarnos con su plenitud. A pesar de todo,  tenemos fe en una nueva y más rica reconciliación de Popayán y todo el Cauca, sobre la base del pleno reconocimiento multicultural y multiétnico.

Diego Castrillón Arboleda, su gran historiador, decía con respecto a esta crisis: El espíritu de Popayán vencerá las fuerzas negativas y la ciudad resurgirá con nuevo esplendor, porque Popayán es Eterna.

Omar Lasso Echavarría
Licenciado en Filosofía – Universidad del Cauca
Fundador de Macondo libros y tertulia, con reseña en el periódico Lemonde,París, agosto 9 de 1996 y en el libro Icì las-bas, Librairie Meura, Lille, 2005.  Autor del libro de cuentos La seducción y otros relatos. Macondo libros, 2004, Popayán; y del ensayo  La nueva poesía en la crisis de la ciudad letrada, Popayán 1980-2005. Llama de piedra. Poesía contemporánea de Popayán.  Felipe García Quintero (Editor), Ediciones Axis Mundi / Ministerio de Cultura, Popayán, 2010

TRES DOCUMENTOS IMPORTANTES - CORTESÍA DE VÍCTOR LÓPEZ ERASO-ESCRITOR

CARTA UNO
ESCRIBE VÍCTOR LÓPEZ ERASO

Una joven asociación envejecida

En nuestra ciudad, pese al nulo apoyo gubernamental y a la inactividad de organismos creados para el estímulo artístico, florecen las letras y sus cultores. Es como si fuera una virtud de cuna que haya escritores payaneses reconocidos en el ámbito nacional e internacional. Los propios conciudadanos no los conocen, mientras que en España, México y Perú son figuras prominentes de la literatura, donde exhiben sus creaciones y su juventud como promesa.

¿Qué podríamos destacar si de verdad tuviéramos una verdadera Asociación Caucana de Escritores? Tal vez gozaríamos de una pléyade de artistas de la palabra en cantidad y calidad superior a Bogotá y Medellín juntas. Pero muchos escritores jóvenes se pierden ante la ausencia de publicaciones literarias, periódicos o revistas de calidad que los destaque y estimule; que los haga visibles entre sus mismos conciudadanos. Nuestra prensa escrita se reconoce hoy por lo amarillista, de contenidos baladíes cuando no ridículos. El estímulo a la lectura se ha reemplazado por la fácil agitación de la insulsa farándula.

En los años de existencia de la Asociación Caucana de Escritores no se conoce que haya participado con autores nuestros en alguna feria nacional del libro, ni siquiera ha promovido una feria local; tampoco sabemos que haya traído figuras nacionales de la poesía y la narrativa para cotejar con nuestros creadores; no ha propiciado espacios culturales en colegios y universidades; no ha creado un premio regional de literatura que estimule a los jóvenes caucanos; mucho menos ha fomentado la crítica literaria tan decisiva en el perfeccionamiento de las letras. La Asociación Caucana de Escritores, tal parece, centraliza su actividad en maquillar a políticos en declive, cuyo tiempo se venció sin nada qué mostrar; una misión que no va con su razón social.

Afortunadamente el empuje creativo de los payaneses es superior a cualquier institución creada como paradigma de la pereza. Por eso vemos a jóvenes dispersos abriéndose caminos por el ancho mundo de la literatura hispana. Ahí están los ejemplos de Andrés Mauricio Muñoz, ganador del concurso nacional de cuento en Bucaramanga, hoy huésped de los escritores peruanos; Juan Esteban Constaín, ganador del concurso hispano a la novela histórica; Rubén Barona, radicado en Estados Unidos y otros más a punto de emigrar.

Aquí, en nuestra tierra, seguiremos la misma rutina de leer poemas ajenos ante un, cada vez más escaso, público que bosteza para no dormir.

ESCRIBE VÍCTOR LÓPEZ ERASO


CARTA DOS

RESPUESTA DE DARÍO NOGUERA-ECRITOR Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN CAUCANA DE ESCRITORES

Hola Víctor, acabo de leer tu artículo "una joven asociación envejecida" y, como su presidente actual, tengo el deber de contestarte. Parto de reconocer que tienes razón en algunas de tus observaciones. Pero más allá del hecho de que te asista razón o no en algunas de ellas, debo decirte que me parece lamentable la forma en que lo haces. Es francamente desleal, por decir lo menos. Considero que no es de tu altura lanzar a quemarropa y públicamente cuanta descalificación se te ocurra contra un organismo que lucha con las uñas para sostenerse sin recibir auxilio gubernamental alguno. Te enumero las herramientas que usa la Asociación para difundir el quehacer literario y acercar al público a la poesía y la literatura. En primer lugar el evento JUEVES DE POESÍA que se realiza cada mes. Para tu información el último, nomás, estuvo dedicado a la poesía negra en el Cauca y en él participaron el poeta declamador negro Elvio Cáceres y el cantautor negro también Elbar Mosquera (no se declamó ninguna poesía de afuera, toda del Cauca y los dos artistas eran también caucanos). Fue por lo demás un acto muy emotivo y significativo. ¿que puede ser mejor? ¡claro! ¡Todo lo que se haga puede ser mejor! Y te aseguro que resultará mejor si los escritores y gestores, pertenezcan o no a la Asociación, colaboran en la preparación en lugar de dedicarse a lanzar invectivas descomedidas de cualquier índole. Eso es muy fácil. Creo que es justo también aclararte que ocasionalmente en este evento se declama poesía de autores inmortales y consagrados con el propósito de acercar al público a la poesía, a la literatura y al arte. También se han hecho happenings con la participación directa del público en la elaboración poética. Este evento ha sido, en suma, una iniciativa cultural diversa, polisémica, lúdica e interactiva con el público y esperamos en lo sucesivo tu colaboración para que sea todavía mejor.

En segundo lugar está el periódico. Los dos últimos números, para no ir muy lejos, se han dedicado tanto a poetas y narradores caucanos (de la asociación o no) como a jóvenes autores como Damián Deepsoul Salguero, Willy Delgado, Valentina López o Natalia Vaca. Y aquí también, como en el evento de los jueves, ocasionalmente se dedican algunas páginas para dar a conocer al público la obra o la vida de los inmortales de cualquier latitud (Silva, Saramago, Neruda, etc.) Con lo cual tratamos de cumplir con el doble propósito de promover nuestros valores y de acercar al público a la poesía y la literatura universales.

Te aseguro Víctor que ninguna de estas tareas es fácil. Y se vuelven más difíciles cuando alguien se dedica a despellejar públicamente una empresa cultural que, repito, puede ser mejor. Sobre todo, claro está, si hay colaboración y lealtad.

Finalmente, ya que tanta capacidad y criterio ostentas, te propongo algo muy simple: te cedo el cargo de la presidencia y te prometo que me dedicaré, sin ningún cargo, a colaborarte estrecha y lealmente para que las cosas marchen bajo tu conducción.

Un abrazo.


CARTA TRES
RÉPLICA DE VÍCTOR LÓPEZ ERASO

Darío:
Tus palabras de respuesta a mi artículo Una joven asociación envejecida, publicado en Radio Súper, indican que el objetivo trazado se cumplió.

Estoy seguro de que era necesario este llamado de atención y que la asociación será replanteada hacia el futuro. Al menos así lo espero.

En mi condición de librepensador –la calificación de pensador independiente siempre me ha parecido fea e imprecisa–, he señalado fallas estructurales y políticas a varias instituciones públicas y privadas; a veces he recibido como respuesta términos desobligantes que apuntan al cinismo, como sucedió con el Alcalde de Popayán. En el caso de la Asociación Caucana de Escritores (ACE), una organización que tiene la obligación de administrar (y ejercer) el pensamiento creador y el buen decir, debe estar lejos de esos calificativos, propios de juez inquisidor. Es virtud de un dirigente, de cualquier actividad social o política, saber asimilar los cuestionamientos y no volverse contra el criticón; aquí faltarían argumentos de defensa y sobrarían improperios.

Generalmente nos alineamos con la tendencia de creer que lo que hacemos está bien hecho, por eso, siempre he clamado por una crítica literaria seria y fundamentada que la ACE podría propiciar, con liderazgo y entusiasmo entre sus asociados que tienen autoridad y talento, sin ninguna inversión económica; con voluntad política, como dicen los que ignoran la política.

No he participado de las actividades de la ACE y tampoco he recibido su apoyo en mis actividades afines; en términos prácticos, no pertenezco a la ACE. Esto me da el derecho de ejercer la crítica sin caer en la deslealtad. Si he adoptado una posición egoísta de publicar por mi cuenta –contrario a mis convicciones de que el trabajo es placentero y creador en comunidad–, se debe a la ACE: En el año 2006, envié al presidente de ese entonces un artículo con la intención de que fuera publicado en su periódico; la respuesta excluyente fue, “primero debe afiliarse a la ACE”. Hubiera sido más digno que el rechazo se hubiera fundamentado en la calidad del texto. De todas maneras, sí fue determinante en la publicación de mi primer libro y la apertura posterior a otros medios de comunicación que ni me determinaban.

Darío: a mi edad no me hacen falta reconocimientos y distinciones de terceros, tampoco me sobran. Puedes remitirte a mi carta de respuesta de una, muy amable y comprometedora, que me envió el secretario de la ACE con ocasión de mi primera publicación; en ella destacaba que mi afiliación a la ACE se hiciera sin optar a ningún cargo directivo. Esa posición sigue vigente.

Gracias por permitir expresarme a manera de aclaración.

Con estimación,

Víctor López Erazo.

EL MACONDO DE LOS AMIGOS - TESTIMONIOS PARA ATESORAR Y COMPARTIR

MACONDO LIBROS
Rodrigo Valencia Q

Especial para Proclama del Cauca

Hubo un Macondo en Popayán, un lugar para la cultura, la jovialidad y camaradería bien dosificadas. Buena parte de nuestra memoria quedó allí desde que su maestro de ceremonias, Omar Lasso, decidió cerrar sus puertas al ajetreo de los compromisos comerciales.

Si algo gustaba de Macondo Libros era su recinto pleno de cortesía y su casi legendario librero intentando la proeza de la cultura en una ciudad donde sus voces predilectas, a pesar de todo, van preñando, instaurando nuevos vientos y razones para la existencia. En Macondo Libros hubo fiesta diaria, ritos de iniciación, tertulia y carcajadas. Los pesos pesados de la intelectualidad iban llegando con sus agudos y brillantes diálogos, sus rictus académicos, sus visiones críticas, o con anécdotas de la cotidianidad más simple y callejera. Allí se compartían el instante, el minuto, las horas y el tiempo todo con algún café, cerveza o licor ritualizado entre buenos estímulos para engendrar ingenio y alimentar los ratos libres.

Buenas épocas esas de Macondo, "un lugar siempre posible"; un dibujo mío, que se estampaba en cada venta, sirvió de excusa para embrujos y promesas de la suerte, y todo era de maravilla entre esos estantes poblados de libros de la más alta alcurnia intelectual. Entrar a Macondo era iniciar el terreno de la anécdota, aligerar el día, mensurar la intensa levedad de la existencia, abrir los ojos, oídos e intelecto a lo imprevisible y a las probabilidades de congeniar con las mejores amistades. Allí el arte, la literatura, poesía, filosofía y música eran atmósfera, clima inevitable entre los saludos, encuentros sorpresivos y miradas cómplices; digamos que el mundo de los libros era llave mágica, pasaporte a los afectos, estrategia de alegría, enganche para usuarios de la fantasía y otros goces del espíritu. Uno que otro amor lícito o prohibido debe haber nacido en ese especial rincón, hoy señalado por la nostalgia y la cordialidad de la memoria.

Macondo, que comenzó con una simple caja ambulante de libros, creció y poco a poco fundó un mundo propio; tenía su aroma: el de la palabra, que todo lo domina. Hoy las palabras tal vez se fueron a otra tienda que no existe. Omar es el ausente que todos recordamos con el afecto de la amistad que no declina. En Macondo Libros, Popayán tuvo otra oportunidad sobre la tierra... la vida parecía una leyenda.

-----

El 9 de febrero de 2012 16:06, Donaldo Mendoza escribió:

Hubo una vez en Popayán una librería, "Macondo Libros", cuyo principal encanto no era hallar el libro que se andaba buscando, sino la oportunidad de refugio que ofrecía el lugar; siempre se encontraba allí un amigo/a, y la mañana o la tarde se tornaba feliz. Su propietario, Omar Lasso (La Unión, Nariño), oficiaba como maestro de ceremonia, era un alfaguara de conversación; y cuando era preciso, el Celestino cabal para las citas y encuentros "casuales". Hace unos 6 años la librería se cerró, faltó un poquito para que los huérfanos de ella saliéramos a la calle en cortejo de duelo; éste ha sanado, pero cada tanto muta en nostalgia. Un abrazo,
DONALDO.


GLOSA A LO INDELEBLE DEL TIEMPO COMPARTIDO

RINCÓN DE ALEJANDRÍA
(A Macondo Libros..)

Semilla de sabios
que nació en el mar
y voló sobre montañas.

Invención de un mago
donde ofició el librero de Borges
mientras la musa presidía
un oráculo de sueños.

Bárbaros enemigos
hijos de un tiempo veloz,
como huracanes aciagos,
destruyeron el sueño
de la biblioteca como un paraíso.

Digno final el de Alejandría,
llama infinita de saber y ceniza.
Peor yacer en el olvido
entre fantasmas y libros
que nadie quiere leer.

Ya no hay Borges
ni Quessep.
No están los caballeros de la luz
tampoco los de la oscuridad
voces infinitas
que rumoran en la nostalgia
Barona, Posada, Jaramillo
Torres, Luciano, Jordán
Rafaelito, Ricardo y el Conde
Donaldo, Rodrigo y la sutil Luz María
con Kenny, flor primorosa,
a quien solté por primera vez
aquella frase que fue slogan:
No te preocupes… quien me debe
me pertenece un poco
y cuanto más me debas
mi ilusión dice que más me perteneces.

Emigraron también las vampiresas
y aquellos nuevos poetas
de la Generación Post Terremoto
con sus musas.

Ahora el librero sólo cuenta su historia:
hubo una vez ...

Omar Lasso